Mini Mal

Descubrimos por casualidad este espacio que alberga una propuesta interesante de cocina colombiana en la capital del país.

Visita: 10/11/2018

La experiencia de Raúl:

Fue de casualidad y con ayuda de una aplicación de mapas como encontramos el lugar, justo al lado de donde un maestro hace lo que puede con mi escaso y cano cabello, por las fotos de los platos quisimos darle una oportunidad de la que en ningún caso nos arrepentimos.

Se encuentra en una zona residencial tranquila de la ciudad y entre sus callejuelas se erige un edificio de fachada angosta que alberga este espacio culinario con vocación colombiana de raíz. Un espacio que en sí mismo es parte de la raíz.

Pedimos para compartir una cazuela de pargo ahumado, sencillamente deliciosa, platillo sin artificios en su presentación, ni falta que le hace, pero con un sabor intenso que cautiva a cualquiera. El pargo en su punto, acompañado de yuca, papa y plátano en un caldo que recoge los sabores intensos del ahumado.

Por mi parte pedí un plato que se presentaba bajo el nombre de Selva Adentro, un morrillo de res braseado en salsa de tucupí servido sobre yuca frita y casabe. Me encantó la conjunción de sabores y el toque picante en su justa medida, quizá el punto de la carne y la temperatura de la yuca mejorable, aún así una buena opción.

Diana pidió una preparación bajo el título de «Vamos a la playa», meritos en salsa de lulo con cebolla caramelizada, una combinación acertada de sabores que tampoco nos dejó indiferentes.

Para terminar una torta de almojábana con helado de vainilla, sencillamente deliciosa.

Para acompañar la comida opté por una copa de vermouth (blanco) y cerveza, pero a mi lado estaba, dichosa, Diana con su jugo de copoazu. Tienen varias opciones en jugos, cócteles y vinos.

Cuando uno descubre que este espacio lleva ya más de 15 años abierto, evolucionando e investigando sobre los productos y sabores de cada rincón de Colombia, se da cuenta que ya había vida antes de Leo Espinosa y que, en esta tarea de llevar la gastronomía colombiana a una nueva dimensión, no estamos ni mucho menos solos. Como comensales debemos valorar y admirar la vocación de estos espacios, con sus aciertos y sus infortunios, fabricando una crítica amable y constructiva cuyo único fin sea el crecimiento.

La experiencia de Diana:

No puedo negar que encontrar este sitio ha sido una grata sorpresa para mí, pues tal y como se lo dije a Raúl justo antes de ordenar nuestros platos: “a veces uno se ve tan inundado de propuestas culinarias de otros lugares, que uno cree que sitios así no existen”.

Mini Mal recrea con un buen toque de diseño, pero también de tradición, el típico comedor de clase media colombiana, rescatando elementos, como sus mesas y sillas, que sin duda lo hacen volver a uno hacia la niñez. En cuanto a la ambientación, también vale la pena rescatar la buena música que nos acompañaba, sin duda una cuidadosa selección de sonidos locales y latinoamericanos.

Al ver la carta se puede notar que el concepto realmente va en rescate no sólo de ingredientes locales, sino también de la misma sencillez en las formas de preparación y eso, para mí, es absolutamente encantador, pues siempre he sido fanática de las cosas simples y auténticas.

Tal y como lo señaló Raúl, empezamos nuestra comida con un encocado de pargo exquisito, y siguiendo esta línea del pescado me atreví a probar el plato vamos a la playa que constaba de pez globo bañado en salsa de lulo; este me pareció delicioso además de novedoso, aunque debo decir que si lo de uno no son los platos con mezclas dulces, esta no es la mejor opción pues fuera de la salsa de lulo vienen unos anillos de cebolla caramelizada que hacen que el sabor dulce sea realmente intenso, de todas formas fue una opción que disfruté de principio a fin.

Ya para terminar, no puedo dejar de hablar, por un lado, del jugo de copoazú con el que acompañé mis platos, pues esta fruta traída del Amazonas me pareció un excelente aliado para las comidas ya que es bastante ligero y fresco; y por otro lado, del postre que pedimos, una torta de almojábana como traída del cielo, con un sabor y textura excepcionales, acompañada de una bola de helado de vainilla de la fábrica selva negra, que es una marca local de helado, igualmente delicioso.

Mini Mal, se suma entonces a nuestras recomendaciones de restaurantes que merecen ser visitados, por ser una propuesta colombiana autentica, tradicional y de buen gusto.

 

 

 

 

 

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