Habiendo conocido el local de Lima, situado en el barrio de San Isidro, no podíamos perder la oportunidad de visitar la apertura de ésta barra peruana en Bogotá, donde esperábamos encontrar los sabores de la comida de este país en esta barra cebichera que no es ni barra ni chalaca al 100% pero que tiene aciertos no desdeñables.
Visita: 02/11/2018
La experiencia de Raúl:
La cocina peruana tiene múltiples aristas y todas ellas son trazadas con acierto por el maestro Gastón Acurio. Yo como amante y practicante del barrismo me siento cómodo en este concepto, no obstante en el local de Bogotá (Parque de la 93) son las mesas las protagonistas y queda a un lado el misticismo de las barras que sí se vive, en convivencia con pequeñas mesas, en el local de Lima.
Fuera del discurso de barras y mesas, la experiencia es gratificante, en esta ocasión nos decantamos por un tiradito chucuito, en su punto, refrescante y delicioso. Compartimos también la parihuela de cangrejo y el arroz chaufa tapado (con su tortilla de langostinos). Ambas preparaciones no dejan nada que envidiar a los sabores que hemos degustado en Lima, o al menos lo que en el recuerdo de mi paladar queda de ellos.
Sin duda la barra chalaca es un lugar para visitar, disfrutar de la desenfadada comida con sabores del Callao, parlamentar con amigos, refrescarse con una rica chicha morada, una cerveza o degustar una copa de Malbec y salir sabiendo que más pronto que tarde uno debe regresar.
Concepto con sentido y sentido del concepto, ofrece lo que realmente uno busca cuando busca el sabor peruano popular y de calidad. Cena para dos personas con chicha morada y copa de Malbec por 144.000 pesos, equivalente a unos 40 euros.
La experiencia de Diana:
La experiencia en el restaurante ha sido gratificante, en especial porque logré recrear algunos de los gratos momentos vividos en Lima, en un viaje cuyo principal objetivo era el de apreciar las bondades de lugares y platos de comida peruanos.
En esta ocasión, visitamos esta propuesta que, venida desde Lima, logra reproducir a la perfección los sabores, colores y texturas de una cuidadosa selección de platos de comida tradicional peruana. En cuanto a los platos que ordenamos, que Raúl ya detalló muy bien, yo me quedé especialmente encantada por el Tiradito Chucuito, pues el pescado, bastante fresco, gozaba de un gran sabor y la combinación con la leche de tigre al parmesano y la palta (aguacate) era sencillamente exquisita.
En cuanto a la locación, el lugar cuenta con los mismos atributos del concepto que viene desde Lima: buena iluminación, uso de mensajes con un lettering atractivo y mesas y taburetes altos. Como lo señala Raúl, aunque el sitio se llama Barra Chalaca, aquí la barra no es la protagonista, creo que esencialmente porque el lugar es bastante grande y no se precisa de su uso, y adicionalmente, en mi concepto, considero que, en locales de bares y restaurantes en Bogotá, la barra no es usada frecuentemente, salvo como un lugar de espera temporal para aguardar la acomodación definitiva en una mesa.
Para concluir, considero que dentro de la amplia oferta de restaurantes peruanos que hay actualmente en Bogotá, Barra Chalaca es una opción que merece ser tomada porque tal y como lo sugirió Raúl, ésta ofrece con franqueza y sencillez, un sabor peruano popular y de buena calidad, adicionalmente posee una buena relación calidad/precio: precios razonables, preparaciones deliciosas y porciones generosas.